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Print Posted 11/06/2017 in fundaciones

PEDALEAR POR LOS NIÑOS DE COLOMBIA

PEDALEAR POR LOS NIÑOS DE COLOMBIA

Felipe Tamayo estaba perdido en un camino en Uruguay. Ahí, sin tener idea de dónde iba a dormir, sin comida ni dinero, sintió la mayor sensación de libertad y felicidad que ha tenido en su vida. Se quitó la mochila del miedo. Ese momento fue una epifanía del sendero que debía recorrer en su existencia. Le hizo caso a aquella manifestación, la de dedicarse a pedalear, y pagó, con gusto, el precio de eso. “Por ejemplo, me iba a casar y me mandaron pa’l chorizo, como se dice, precisamente por esto, por la bici”, expresa entre risas.

El amor por el hermoso objeto de dos ruedas le nació a este bogotano de 34 años en un viaje que realizó montado en él por gran parte de Suramérica, después de sufrir un accidente neurológico, hace 11 años, que le hizo perder durante un tiempo la memoria, el equilibrio y otras capacidades psicomotrices. Él es la prueba de que el estrés puede generar graves problemas de salud. También demostró que las contrariedades sirven para encontrar un redescubrimiento personal. Ese que halló en una bicicleta mientras rodaba por el continente.

Pedaleando y pedaleando tomó conciencia de que el hecho de haber perdido su empresa y ya no estar ejerciendo la fotografía no era tan grave como los problemas de las personas que hicieron parte de su travesía. “Decidí que había que hacer algo al respecto para intentar construir un mundo más equitativo y mejor para las personas que más lo necesitan. Para eso tenía mi bicicleta y ahí nació Pedalazos, en ese viaje”, asegura Tamayo.

Pedalazos que unen Pueblos es una fundación que, hasta ahora, ha beneficiado a niños en Boyacá, Cundinamarca, Atlántico, Bolívar y Chocó. Por cada kilómetro que Tamayo recorre en bicicleta, le ingresan 5.000 pesos de quienes donan (por mecanismos que se encuentran en la página web de la organización) en pro de la solidaria labor, que consta de diversos programas que él creó con el objetivo de que los beneficiados no solamente reciban bielas y pedales para movilizarse con mayor comodidad, sino que también estén mejor alimentados y educados.

“Cambiar el Mundo una Bici a la Vez” es el programa madre. De él se derivan los demás. Los niños entran a hacer parte de un plan de nutrición porque “lo primero que se necesita es que tengan algo en el estómago”, después se integran al de movilidad para aprender a montar la bicicleta y, finalmente, al de educación, teniendo en cuenta “que a mí no me sirven burros en bicicleta”. Los pequeños, generalmente, cuentan con padres de familia sin un trabajo estable. Ellos no están exentos de las obras de Pedalazos: se capacitan en el proyecto de bici-emprendimiento, en el que pueden acceder a bibliotecas, consultar enciclopedias y caminar por el sendero del aprendizaje junto a sus hijos, a quienes “no se les regalan las bicicletas: cada niño las paga con buenas calificaciones”.

“En el caso de Sabanalarga (Atlántico), donde está el centro de biciemprendimiento, hay refuerzo escolar todos los días para que los niños que no entiendan una tarea, que necesiten reforzar la lectura o la escritura, tengan un lugar a donde ir, donde consultar un libro o un computador, ya que estamos hablando de personas que están muy por debajo del límite de la pobreza extrema”, advierte Tamayo, quien ha observado cómo estas familias a veces ni siquiera tienen un baño. Él se encarga de entregárselos “para que desde ahí, como un símbolo, se dignifiquen y arranquen a arreglar sus casas y sus vidas”.

Tamayo, además, se ideó su propia competencia ciclística. Determinó que correría el Tour de las Veredas. Los puntos de los premios de montaña, las sonrisas y aplausos de los campesinos que lo alentaban a no desfallecer; las metas volantes, el reconocer los problemas de comunidades vulnerables; y la camiseta de líder, la solidaridad hecha realidad: los dos comedores infantiles que ha donado Pedalazos, las cuatro bibliotecas comunitarias que ha fabricado el centro de bici-emprendimiento, las 200 bicicletas que han hecho felices a niños que ahora creen en un futuro esperanzador y los más de 250 kits escolares con los que ha promovido la educación, que debe ser la base de toda sociedad.

El Tour de las Veredas nace después de que a Tamayo “le sacara la mano” la bicicleta con la que viajó hasta Santa Marta. “Yo estaba sin nada y ahí apareció Specialized. Me dotaron de bicicleta y de equipo para seguir”. Logró reunirse con las autoridades del municipio de La Calera (al oriente de Bogotá) y concertar un plan para lograr reconstruir la escuela de la vereda Quisquiza.

En su travesía por los trayectos de difíciles condiciones para pedalear, Felipe escaló casi todos los puertos de montaña del país, a excepción del Alto de Letras. En lo corrido del año lleva más de 7.000 kilómetros transitados encima de su caballito de acero, en el que carga todas sus posesiones, pues pedalea once meses del calendario con la felicidad de no tener certeza diaria sobre su sitio de descanso nocturno. Sólo necesita de su “casita de dos ruedas”. En cada lugar al que arriba encuentra gente por la que ha dado la cara con el programa “Cambiar el Mundo una Bici a la Vez” en eventos internacionales como el Foro Mundial de la Bicicleta y el Foro de Responsabilidad Social, en México.

La fundación sólo trabaja con voluntarios y un equipo de colaboradores en la costa, que coordina las actividades del centro de bici-emprendimiento, mientras Felipe Tamayo, la única persona de planta, pedalea con una visión: “Si yo pude salir adelante en una bicicleta y estoy sacando comunidades adelante, pues la idea es que la mayor cantidad de niños se enamoren de la bicicleta, de estudiar y rompan ciclos de pobreza. Que la mayor cantidad de adultos que están desempleados y no saben qué hacer, viviendo en unas condiciones terribles, se den cuenta de que, si se montan en una bicicleta y se ponen juiciosos, su vida cambia, salen adelante”.

Articulo original del Tiempo: https://www.elespectador.com/noticias/nacional/pedalear-por-los-ninos-de-colombia-articulo-721540

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